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    JESUCRISTO:
    EL GRAN MÉDICO


    JESUCRISTO: EL GRAN MÉDICO                                                                                                                    

    Hermanos y hermanas,¡El Señor os dé su paz!

    En el mes de septiembre viene celebrada la “Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz”, día 14 de acuerdo al calendario litúrgico. Por tal motivo, os proponemos esta meditación que nos prepara también a nuestra “Hora Sancta”.

    Fijemos nuestra mirada en la Cruz y en ella a Jesús que desde allí cura todas nuestras heridas y transforma nuestra falta de fe en confianza plena. Por medio de su sacrificio, Él perdona nuestros pecados, vence nuestras dudas y nos dona su paz y la vida eterna.

    En oración, contemplemos nuestro buen Señor: «eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba» (Is 53,4). Mucho nos pueden ayudar estas bellas palabras escritas por San Gregorio Teólogo:

    «El gran Médico se esfuerza por curar mis heridas dolorosas. Alabemos ante todo al Hijo, venerando la Sangre que expió nuestros pecados. No perdió nada de Su Divinidad cuando me salvó, cuando, como un buen Médico, Se inclinó hacia mis heridas abiertas. Era un hombre mortal, pero también era Dios. Era de la raza de David, pero Creador de Adán. Él no tiene cuerpo Se revistió de Carne. Tuvo una Madre que, sin embargo, era Virgen. Él que no tiene fronteras se unió a las ataduras de nuestra humanidad. Fue Víctima y Sumo Sacerdote, pero era Dios».

    «Ofreció Su Sangre y limpió al mundo entero. Fue levantado en la Cruz, pero fue el pecado el que fue clavado en ella. Se hizo uno entre los muertos, pero resucitó de entre los muertos, resucitando también a muchos que habían muerto antes que Él. Por una parte, la pobreza de Su Humanidad; por otra, la riqueza de Su Divinidad. No permitas que lo humano en el Hijo te haga desmerecer injustamente lo Divino. Por amor a lo Divino, tened en el mayor honor la Humanidad, que al Hijo inmortal tomó sobre Sí por amor a vosotros» (Poema 2.26).

    Hermanos y hermanas, meditemos que, si en la vida experimentamos pruebas que ocasionan heridas y sufrimiento a nuestra humanidad, éstas son para demostrar la autenticidad de nuestra fe y para fortalecernos. Pero solo una cosa nos pide el Señor, que tengamos nuestros ojos fijos en Él, en el Gran Médico, y en nadie más, confiando en su amor y en su gracia, que nos cura y fortalece. ¡Todo lo hace desde la Cruz!

    ¡Os bendiga el Señor desde el Jardín Santo de Getsemaní!

    Hora Sancta

    Somos los hijos de Francisco, custodiamos por voluntad de Dios uno de los lugares más queridos por Jesús: el jardín llamado Getsemaní

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