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    ABANDONÁNDONOS AL SEÑOR,
    ENCONTREMOS LA PAZ.


    ABANDONÁNDONOS AL SEÑOR, ENCONTREMOS LA PAZ.                                                                                    
    Hermanos y hermanas, ¡El Señor os dé su paz!

    Jesús nos dice: «Os dejo la paz, os doy mi paz; no os la doy como el mundo la da» (Jn 14,27). Estas palabras siguen resonando en nuestros corazones porque, hoy como hoy, tenemos tanta necesidad de paz. El primer paso importante en este camino para obtener de Dios la paz tan deseada es un abandono confiado en el Señor; en la medida que nos abandonemos totalmente a Su corazón, comenzaremos a experimentar una paz tan profunda ante todas las preocupaciones de este mundo.

    Reconocemos con humildad que muchas veces sufrimos o nos frustramos porque creemos que todo depende de nuestras fuerzas y capacidades; nos viene la tentación de querer entenderlo todo, de tenerlo todo bajo control y tomar las riendas de nuestro futuro. Dejémonos guiar, pues, por el Señor y que nuestro corazón deje de apoyarse en sí mismo. En medio de las pruebas, de la oscuridad o de los caminos que no podemos comprender, demos espacio al verdadero abandono; solo así encontraremos descanso, consuelo y paz en la voluntad amorosa del Señor.

    Comenzamos este mes de julio, aquí en Getsemaní, con la fiesta de la Preciosísima Sangre de Jesús. Contemplando este misterio, queremos seguir dirigiendo la mirada hacia el Corazón de Jesús y, junto con Él, orar: «Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42; Mt 26,42). Del Hijo Amadísimo de Dios queremos aprender este abandono tan perfecto y lleno de amor; queremos encomendarle todas las alegrías, preocupaciones, heridas, incertidumbres y angustias tanto de la humanidad como de todas las almas que necesitan emprender este camino de abandono, en medio de la oscuridad y la tormenta presentes en el mundo.

    Hermanos y hermanas, ¡cuánta paz podemos encontrar si nos abandonamos a Dios! Todo esto agrada a los ojos de Dios y lo hace feliz, como puro acto de amor y de confianza en Él. «Prueba y verás lo bueno que es el Señor» (Sal 33), porque «quien confía en él no caerá jamás» (Rm 10,11).

    ¡Os bendiga el Señor con su paz desde el Jardín Santo!

    Hora Sancta

    Somos los hijos de Francisco, custodiamos por voluntad de Dios uno de los lugares más queridos por Jesús: el jardín llamado Getsemaní

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