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    ORAR EN EL
    NOMBRE DE JESÚS:
    NUESTRA ALEGRÍA PLENA


    ORAR EN EL NOMBRE DE JESÚS: NUESTRA ALEGRÍA PLENA                                                                                                                                                                       

    Hermanos y hermanas,

    ¡El Señor os dé paz!

    En el tiempo de Pascua hemos escuchado los “discursos de despedida” de Jesús a los discípulos antes de la Pasión. En ellos están contenidas las promesas también llamadas “Promesas de la Nueva Alianza”, porque todas estas, y especialmente la promesa del Espíritu Santo y de la Inhabitación divina (Jn 14, 12-25), están también presentes en los escritos proféticos (Jr 31, 33; Ez 36, 26-27). Además, tenemos la promesa que nuestra oración será escuchada y obtendremos lo que pidamos al Padre en el nombre de su Hijo, para que nuestra alegría sea plena (Jn 16, 23-24).

    Orar en el nombre de Jesús, además del hecho de que la oración será escuchada, nos traerá una alegría plena. El Señor desea, en efecto, que comprendamos este aspecto, es decir la alegría profunda y perenne que surge de la unión con Dios, una alegría arraigada en la vida misma de la Trinidad, que se inicia en el momento en que entramos en relación con el Padre a través de Su Hijo. Todo esto indica la anticipación de la alegría eterna del cielo, donde el amor a Dios encontrará su perfección.

    Si deseamos esta alegría, tenemos también el medio para alcanzarla, es decir, adorar a Dios, ante la Eucaristía, con todo el corazón, la mente, el alma y la fuerza. Adoramos y alabamos al Señor pasando tiempo de rodillas cuando Él se manifiesta en el Santo Sacrificio, cuando Él queda expuesto en toda adoración eucarística y cuando permanece aún presente en el Sagrario; sea este el fundamento de nuestra oración.

    El mes de junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, nos ayudará a orar y adorar el misterio de la Santísima Trinidad y del Cuerpo y Sangre de Cristo. Nuestra adoración aquí en Getsemaní, lugar de oración, la hacemos, por tanto, dirigiendo nuestra mirada al Padre, en el nombre de Jesús, para que sean escuchadas las súplicas y las intenciones de tantas personas que piden ser recordadas. ¡Creemos que el Señor escuchará nuestra oración y que solo Él podrá colmarnos de innumerables bendiciones, sobre todo concediéndonos el don de una alegría plena y de una paz verdadera!

    Que seáis bendecidos desde el Jardín del Señor.

    Hora Sancta

    Somos los hijos de Francisco, custodiamos por voluntad de Dios uno de los lugares más queridos por Jesús: el jardín llamado Getsemaní

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