Queridos hermanos y hermanas, os saludamos con las mismas palabras del Señor resucitado:
¡La paz sea con vosotros!
Estamos en tiempo de Pascua y desde Jerusalén se anuncia a todo el mundo que "Jesús crucificado ha resucitado" (Mt 28, 5-6; Mc 16,6; Lc 24,6-7; At 2, 23-24. 4,10): «Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen» (At 5, 32).
Como a los apóstoles del Señor, la experiencia de la Pascua nos impulsa, porque no obedecemos a un mandamiento externo e impuesto, sino más bien al encuentro con Jesús, muerto y resucitado. Esto está grabado en nuestro corazón por el Espíritu Santo y tenemos la fuerza para decir con convicción: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5, 29). Cuando llegan las pruebas, puede suceder que nos desanimemos porque ser testigos en nuestros contextos no es tan fácil, pero debemos estar convencidos de que el Señor nos sostiene y de que la llamada de los cristianos al sufrimiento es iluminada por la acción del Espíritu. Aprendamos a mirar con los ojos de Dios las diversas incomprensiones, calumnias, persecuciones, envidias y a ser fuertes en la fe. Como dijo el Papa León XIV: «significa confiar nuestra vida a él y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestro modo de pensar y vivir... el consuelo para los corazones rotos y la esperanza en el cambio de la sociedad son posibles si nos confiamos a Dios y a su Palabra» (Homilía, aeropuerto internacional de Bamenda, 16 de abril de 2026). Todo, obedeciendo a Dios y siguiendo a Jesús crucificado y resucitado.
Queridos hermanos, os invitamos a meditar en oración esta verdad para que podamos llegar a ser testigos con la fuerza del Espíritu Santo. Desde hoy, junto con todo el Cuerpo místico de Cristo, la comunidad de los creyentes, rogamos al Paráclito, protagonista desde los primeros siglos de la Iglesia, que nos anime interiormente a ser testigos del Señor resucitado y a llenar no solo Jerusalén, sino también nuestros hogares, nuestras ciudades y nuestros países con el anuncio de su evangelio, porque «quien cree en el Hijo tiene la vida eterna» (Jn 3, 36).
¡Convirtámonos en testigos del Señor! Porque en nuestra vida hemos encontrado su mirada misericordiosa que nos anima: «La paz os dejo, mi paz os doy. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14, 27).
Sed bendecidos desde el Jardín del Señor.
Hora Sancta
Somos los hijos de Francisco, custodiamos por voluntad de Dios uno de los lugares más queridos por Jesús: el jardín llamado Getsemaní