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    DESDE GETSEMANÍ
    A LA RESURRECCIÓN


    DESDE GETSEMANÍ A LA RESURRECCIÓN: UNA MIRADA CON SAN FRANCISCO                                                                                                                                

    Queridos amigos del jardín del Señor,

    ¡Que el Señor os conceda su paz!

    La fiesta de la Resurrección del Señor es el corazón de la fe cristiana. En ella la Iglesia proclama que la muerte no ha tenido la última palabra y que la vida nueva de Cristo resucitado ilumina toda la historia de la humanidad. Como afirma el apóstol: "Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe" (1 Co 15,14).

    Sin embargo, la luz de la Pascua no se puede comprender plenamente sin pasar por la oscuridad de Getsemaní, el lugar de la agonía, de la oración y del abandono total a la voluntad del Padre. En el jardín de Getsemaní, Jesús vive uno de los momentos más profundos del misterio de la redención. El Evangelio dice: "Si quieres, Padre, aleja de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22,42).Y de nuevo: "Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra" (Lc 22,44).

    Aquí el Hijo de Dios experimenta la angustia humana ante el sufrimiento y la muerte, pero al mismo tiempo manifiesta su plena confianza en el Padre. En este acto de obediencia y amor se prepara ya la victoria de la Resurrección. Getsemaní se convierte así en el umbral de la Pascua: el lugar donde el amor fiel de Cristo comienza a transformar la noche del dolor en la promesa de la vida nueva.

    Esta perspectiva encuentra una resonancia particular en los escritos de san Francisco de Asís, que contempló con extraordinaria profundidad el misterio de la humildad y de la pasión de Cristo. En sus Amonestaciones invita a los creyentes a mirar con asombro la humildad del Hijo de Dios: "Cada día se humilla, como cuando desde el trono desciende al seno de la Virgen; cada día viene a nosotros en apariencia humilde" (FF 144).

    Para el santo de Asís, el camino de la gloria pasa siempre a través de la humildad y la cruz. Contemplando a Cristo sufriente exclama en las Alabanzas a Dios Altísimo: "Tú eres santo, solo tú, Señor Dios, que haces cosas maravillosas; tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente" (FF 261).

    Para Francisco, Getsemaní representa el momento en que Cristo se entrega totalmente por el hombre. Él contempla a Jesús no solo como el Señor glorioso sino, sobre todo, como aquel que se abaja y se entrega en las manos de los hombres. Por eso, en la Carta a toda la Orden invita a los frailes a fijar la mirada en este misterio: "No retengamos nada de nosotros para nosotros, para que nos acoja totalmente aquel que totalmente se nos ofrece" (FF 221).

    Esta contemplación conduce a la alegría pascual, porque precisamente en la humillación y en la ofrenda total se manifiesta el poder del amor divino. La Resurrección es, en efecto, la respuesta del Padre al amor obediente del Hijo. Como se proclama en el evangelio de la mañana de Pascua: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24,5-6).

    En los escritos franciscanos surge también una invitación a la participación personal en este misterio. Francisco no mira la pasión y la resurrección como acontecimientos lejanos sino como una realidad que debe transformar la vida del creyente.

    Siguiendo a Cristo en la oración, en la humildad y en el abandono confiado, el cristiano entra espiritualmente en el camino que conduce de Getsemaní a la Pascua. Por eso la espiritualidad franciscana custodia con particular devoción la memoria viva de la pasión del Señor.

    Getsemaní, con sus antiguos olivos y el silencio de la noche, se convierte así en un lugar donde aprender la confianza y el abandono; la Pascua revela que cada noche vivida con Cristo está destinada a transformarse en luz.

    A la luz de los escritos de San Francisco de Asís, el misterio de Getsemaní y el de la Resurrección son inseparables. La agonía del jardín no es solo el preludio de la cruz sino también el alba oculta de la Pascua. Donde Cristo dijo su "sí" al Padre en el dolor, allí brotó la vida nueva que la Iglesia celebra en la alegría de la Resurrección: "Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él" (Rm 6,8).

    ¡Feliz Pascua a todos!

    Sed bendecidos desde el Jardín del Señor.

    Hora Sancta

    Somos los hijos de Francisco, custodiamos por voluntad de Dios uno de los lugares más queridos por Jesús: el jardín llamado Getsemaní

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