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    UNA HISTORIA
    DE AMORE ETERNO


    UNA HISTORIA DE AMORE ETERNO                                                                                                                                                                             

    Paz a vosotros desde el jardín amado por el Señor!Han pasado ya nueve meses de la Encarnación del Verbo en el vientre purísimo de la joven doncella de Nazaret, María. Desde Nazaret, pasando por Belén y hasta Jerusalén, se realiza un proyecto, un camino y una misión que es una historia de amor eterno: “¡He aquí que vengo – pues de mi está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad!” (Hb 10,7). Hoy contemplamos, celebramos y agradecemos este misterio, que se revela en el Niñito nacido en Belén. Nos alegramos, ha nacido el Salvador, el tanto esperado por la humanidad, el Emmanuel, Dios con nosotros (cfr. Mt 1,23; Is 7,14)

    Jesús es Dios con nosotros y Él nos salvará, como está escrito. Sin embargo, narrar su historia desde su infancia, también significa presentar el lado oscuro de esta realidad: nació para salvar a su pueblo de sus pecados (cfr. Mt 1,21). En otras palabras, al Niñito va unido también un misterio de una gran amargura, dolores y agonías que tendrá que sufrir en vida para liberar a la humanidad de todas sus miserias. Por lo tanto, amigos amados por el Señor, “consideremos – dice San Alfonso María de Ligorio – aquí que todo lo que Jesucristo sufrió en su Pasión, lo puso delante de Dios, incluso estando todavía en el vientre de su Madre, y lo aceptó todo con amor”.

    Todo lo aceptó con amor. No podemos permanecer insensibles a toda esta manifestación de amor y de bondad. No podemos permanecer pasivos, sino activos, llenos de amor y fervorosos para estar unidos a Él. Su vida y su ejemplo son, ahora para nosotros, luz cuando las tinieblas y la oscuridad de este mundo quieren cubrir y acabar toda fe, esperanza y amor. Sigamos unidos a Él, siguiendo sus pasos y haciendo que el proyecto de Dios, esta historia de amor eterno, sea cada vez más fuerte y presente en nuestras vidas. Sigamos respondiendo al llamamiento fuerte que nos hace “quedaos aquí” (Mt 26, 38).

    Terminamos un año e inicia otro nuevo. Delante del Santísimo Sacramento, renovamos nuestro compromiso y deseo de estar con el Señor. Él, que está con nosotros, nos seguirá bendiciendo con su gracia, siendo sensibles a la escucha de esa voz que nos invita a orar y a unirnos a su oración que, desde el Getsemaní hace por toda la humanidad. Confiamos pues al Señor y a su Divina Providencia todos los bienes materiales y espirituales, pero sobre todo la necesidad de justicia y de paz. Finalmente, ponemos todas nuestras intenciones de oración en las manos de María Santísima, la Madre del Dios por quien se vive, reconociendo que solo Ella puede presentarla dignamente ante el Señor.

    Con Cristo y con María, digamos: “¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!

    ¡Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo 2026!

    Sed bendecidos, desde el Jardín del Señor.

    Hora Sancta

    Somos los hijos de Francisco, custodiamos por voluntad de Dios uno de los lugares más queridos por Jesús: el jardín llamado Getsemaní

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